Y otra vez seremos dos extraños
Otra vez volveré a hacernos daño
Otra vez estoy en el fondo del dolor Y otra vez, tu y yo, por el bien de los dos.
He oído todo esto antes. No quiero oír nada más, no quiero saber de nada. Por favor no me digas lo que sientes lo he oído a todo esto antes, & puedo tener cuidado de mi pero no de ti; no quiero oír ni quiero saber por favor no me digas ¿Me perdonas?. No eres ni la mitad del hombre que pensé que eras; guarda tus palabras esta vez fuiste muy lejos. Me tube que aguantar tus mentiras & tus historios, no eres ni la mitad del hombre que te gustaria ser. Hay cosas más importantes que estar escuchandote, me confundí pense que me convenias.

domingo, 3 de enero de 2010

Hay mucha gente mala, pero la mayoría no es tan mala. Yo creo que la mejor opción es siempre no desconfiar, nunca.
La desconfianza no sirve.La desconfianza genera intrigas y las intrigas dividen y debilitan.
La desconfianza
te debilita y te aísla,
terminas desconfiando de todos.
Entonces el verdadero mal te lo haces a vos y no a los otros. Los otros te dejan solo, y solo sos más débil, y ahí sí te pueden atacar porque sos vulnerable. La desconfianza nos recluye, nos hace perder nuevos afectos y nos deja a la deriva, a la deriva estás y si no confías no te relacionas y ahí sí, solo sos muy frágil. Nos podemos equivocar, confiando en la gente equivocada, pero la mayoría de las veces no es así, confiamos en los amigos, así Aladino aprendió que los deseos por mas inalcanzables o descabellados que parezcan hay que animarse a intentarlos, arriesgarse a la aventura de dar el primer paso, y una vez que damos ese primer paso, y aunque la lucha resulte despareja, siempre hay que seguir adelante. No hay que rendirse, como Aladino, cuyo sueño de casarse con la princesa y ser príncipe era un sueño imposible, sin embargo, cuando la llevó a ver el mágico mundo en su alfombra mágica, supo que había hecho bien en dejarse guiar por sus deseos. Porque los deseos muchas veces son buenos guías, nos muestran el lugar hacia donde partir, como así también, a veces los deseos nos muestran el lugar al que hay que volver, y como Aladino, cuando volvió al palacio, aprendió que a veces el secreto no es vivir deseando lo que no se tiene, sino querer lo que se tiene. Y una cosa hay que aprender: nuestros deseos no siempre van a cumplirse ya, aquí y ahora. Es parte de la vida aceptar que nuestros deseos no siempre son órdenes para un genio bueno.

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